viernes, 15 de mayo de 2020

Relato de un sueño IV

soñé que vivía con dos amigos
en una escena nos bañábamos juntes
soñé que jugábamos a bañarnos
por jugar
aprovechando el momento
que éramos tres adultes y tres niñes
bañandosé
no vi la desnudez
vi las caras radiantes
sentí el hilo de la misma alegría tejiendonós

soñe nuestra casa en la inocencia
a salvo

C.

miércoles, 13 de mayo de 2020

como es afuera es adentro
por eso elijo una piedra preciada
de las que pueden juntarse camino de la mina
la imagino en el altar
interno
donde el espacio es amplio
y no interfieren mis vísceras
sueño una piedra violeta- transparente
las conozco desde niña
con los ojos abiertos
la coloco en el centro de una mesa pequeña
y me siento ahí
a contemplarla
es un obsequio que he traído
especialmente
para mi masculinidad
una celebración de su existencia
principio Yin sol que madura
el hombre que hay en mí la está mirando
con mi córnea derecha
perfectamente perfilada
y nítida
como si hubiera traído una flor silvestre a nuestro altar
esta perfecta piedra
luminosa
serrana
mineral
delicada y firme
es nuestra visa la que observa
y nuestras son las manos que la tocan
no es afuera el sitio de sembrar
lo que ha de cosecharse
una piedra violeta honra un camino
vuelve una cara sobre mí
genera un nuevo nacimiento
toda guerra ha sido en vano
pero ninguna pérdida es eterna
salutación al sol en mí
lo mismo que a la luna
equilibrio de todo cuanto es

cuando sea en calma
entonces
sin espacio
descansaremos indisolubles y brillantestas
transparentes y viole
como una piedra silvestre
en un altar

C.

domingo, 10 de mayo de 2020

con humildad puedo servirle
con ignorancia
con atención
con simpleza
practicar un instante de paz
para el ser que habita
lo que encarno
el mensajero y el mensaje
convidarle agua en su largo camino de vida en vida
risa inocente a su cristalina voz
festejo
descanse en mí
el ser
lo que no tiene nombre
ni miedo
ni límite
celebración del latido con que vibro
gratitud a "su" luz y a "su" verdad
yo apenas soy una de sus casas
una manera de bailar
un par de zapatos
que tal día
se olvidan en la puerta

C.

martes, 5 de mayo de 2020

yo quería vivir en una isla así
con bicis solamente y transeúntes
y un ómnibus como único vehículo a motor
para cruzar a lxs niñxs a la escuela
de una punta a la otra
yo quería
vivir
en una casa así
en medio de la floresta
hecha de aire
y poco más
un colchón al piso
la hamaca en la galería
y las ventanas que son puertas y viceversa
una mesa ratona para comer sentadxs en el suelo
un baño sencillo
quizá precario
y un puente colgante para llegar
en medio de plantaciones
una casa que se parezca a una choza de un árbol
tan cómoda como la tierra
indispensable como la nada
y abajo el mar
subiendo hasta la arena su vestido de espuma
lleno de alimento para todxs
y una perra de sombra
y las calles polvorientas de todo el pueblo
yo quería permanecer
en un lugar así
en realidad
olvidarme quién era
permitirme
ser nadie
ser ninguna
en una casa sin casa
en una isla del mar

C.

jueves, 30 de abril de 2020

Diario de un día entre tantos en cuarentena


                                                                                                  Miércoles 22 de abril de 2020

Es de noche e hicimos taller por zoom, ahora es así, no nos dejan encontrarnos para frenar el contagio, pero lo único que hacemos es encontrarnos y volvernos a encontrar de maneras creativas, con nosotres, con otres, a ver cómo estamos, qué podemos hacer… trueques por rappi o por medio de amigues, pomelos en un taxi a la familia, regalitos frutales a domicilio a lxs vecinos en horas de salir a la despensa.
Consolar(nos) por teléfono, sentarse imaginariamente con la hermana a tomar mate en su patio al sol, conversar con el mar por las mañanas.
¿Qué está pasando? No tengo la menor idea.
Salgo a la calle con barbijo.
Veo a mi sobrino por teleconferencia, está por cumplir 9 meses y ya aprendió a hacer “no tá” “acá táaaa”.
En casa cocinamos más y más rico y buscamos compartir momentos, hacer tareas comunes, prestarnos atención.
Banjo aprendió truquitos y se siente acompañado, eligió su propio lugar para dormir, el estudio. Casi todos los días me extiendo con él al sol y dejamos que la tierra nos sostenga. La Huay hace lo mismo con sus gatas, dice que está aprendiendo a no ser “productiva”, a reposar como ellas, cómodamente.
La Mé dibuja, ensayamos por video llamada, nos llegan las voces a destiempo, la música a destiempo, pero el amor al unísono.
Trabajo menos y cobro menos, aunque estoy dando más (es un funcionamiento mágico o práctico: consumo menos, me sobra lo que tengo y comparto con algunes que lo necesitan).
Conocí a mi vecino Juan, o sea, ya lo conocía, pero nos presentamos, es el que hace pan casero y siempre nos cayó muy bien. Juan como mi abuelo.
Hoy transplanté una papaya y un tomate. Veremos si sobreviven. Como nosotres.
Mientras tanto estamos, metemos las manos en la tierra, celebramos el atardecer.
Espero que pase para bien, que mueva en mí el amor, que brille algo.
Camila de antes y después (si leen y si no) Gracias por acompañarme ahora.

C.