es domingo
así que fui a comer a lo de mis viejos
mis hermanas cada una en otro lado
y esperaban a alguien más que no llegó
entonces fuimos tres
ellos y yo
me senté de frente para contemplarlos
no como a los santos ni a los dioses
más bien como a la gente que se quiere
con el amor más simple que conozco
conversamos bastante
nos escuchamos con ganas de entendernos
después tomamos un café
y dormimos la siesta acostumbrada
de tarde los mates con la vieja
las charlas con el viejo de rato en rato
que cómo están las chicas que el estudio
que el laburo y la anécdota y los sueños
después me fui rumiando despacito
somos una familia como otras
con sus miembros diversos funcionando
milagrosamente como un todo
por ahí rescato entre otras cosas
que busquemos todavía
conocernos
C.
domingo, 10 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Sentencias
si alguna vez me mata un señor trajeado
por tranzas o por trata o por error
griten mi nombre fuerte y hagan fuego...
ahora si me mata un pibe pobre
drogado por la vida que le dimos
tratando de robarme la mochila
que nadie diga nada a hacer silencio
o salir a rogar que nos disculpen
no saber cómo mierda
amar
al pueblo
C.
por tranzas o por trata o por error
griten mi nombre fuerte y hagan fuego...
ahora si me mata un pibe pobre
drogado por la vida que le dimos
tratando de robarme la mochila
que nadie diga nada a hacer silencio
o salir a rogar que nos disculpen
no saber cómo mierda
amar
al pueblo
C.
sábado, 2 de febrero de 2013
Oración humana para cambiar el mundo
No paren de hacer el amor
que el mundo necesita
más cuerpos sudorosos y felices
temblando de
belleza
C.
Los ojos nuevos de un niño azul
Hubo una vez un niño azul, tan azul como el cielo, que tenía un miedo tan grande, tan grande como una montaña.
Como tenía tanto pero tanto miedo sólo veía niños grises y, entonces, le entraban ganas de ponerse chiquitito como un maní, o desaparecía inmediatamente.
Nunca jugaba los juegos de los niños grises, que se movían de acá para allá perseguidos por el viejito, haciendo carreritas, cambiando figuritas o corriendo de a varios detrás de una pelota. Él era azul y se sentía sólo y triste.
Pero un día vino una lluvia gorda y tibia como muchas esponjas de bañarse.
La lluvia caía despacio, porque no tenía peso, y bajaba haciendo firuletes, refregando suavecito las hojas de los árboles, las plumas de los pájaros, lo triste de las calles... Y también le rozaba el cuerpo y le hacía cosquillas.
Le vinieron de pronto muchas ganas de reírse y pudo ver, con sus ojos lavados por la lluvia, cómo nacía un sol reteque alegre y pecoso.
Entonces los niños dejaron de ser grises, porque el niño azul los miraba con ojos de lluvia.
Por aquí había un niño verde, tan verde como el pasto, jugando a la escondida con un niño rojo como el fuego, y por allá un niño amarillo como el sol andaba en bicicleta. Cerquita un par de niños azules, como el cielo y como él, cambiaban figuritas con dos niños naranjas.
El día era todo un arcoíris.
Entonces el niño azul quiso jugar con ellos. Estaba cansado de tener un miedo tan grande, tan grande, como una montaña, o de hacerse chiquitito como un maní, o desaparecer tan de repente.
Y se metió de prepo a cambiar sus figuritas y después anduvo en bici, y jugó hasta cansarse a la escondida. Y nunca más tuvo miedo, porque aprendió que no estaba solo.
Que en su mundo había niños de todos los colores y juegos de todos los colores.
Y que él era un niño azul, tan azul como el cielo, y nada, pero nada, le impedía ser feliz.
C.
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