martes, 6 de diciembre de 2011

Niños magos


















...cuando era niña...
recuerdo los juguetes olvidados
una caminaba por ahí
y en algún baldío entre los yuyos
encontraba una muñeca descartada
por falta de una pierna o algún brazo
carente de su plástica belleza
de su rumor estático y perfecto
...ya no...
ya no tengo los ojos de cinco años
ya no hay baldíos esperando con muñecas
sólo hay inmensas montañas de basura
descargadas por los anos del poder
que indignifican las casas de mi pueblo
montañas que se abren espantadas
a las manos expertas de los niños
capaces de arrancarles
                       los tesoros

C.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Recuerdo de Camila Tocamayto

























la hermosa camila tocamayto
estira a los aires sus piecitos
por ese colectivo y en su asiento
con la bolsa de dormir y la mochila
encima de su falda de seis años
-su viaje es camino de los siglos
su ropa sencilla y colorida
su trenza morena hasta la espalda
sus aros de dorados girasoles
y su collar de piedras de arcoíris-
se la puede mirar tan pequeñita
tan hija de la pacha y de la luna
regalando algún vuelo hacia los sueños
donde la madre nuestra negra y roja
despierta generosa de cultivos
y aún vela los pasos de su pueblo
con sus manos de árboles frondosos
y su mansa dulzura terragosa.

C.

Somatizaciones II





















se me han abierto las manos
la piel se corta en los dedos
huequitos cíclicos se hacen
pa recordar que estoy viva
que el cuerpo tiene cansancio
que pesan pagos y cuotas
que arriban desequilibrios
entre los miedos y el pan
ese dolor y la luna
se me han abierto las manos
la piel se corta en los dedos
huequitos de alcantarilla
para que corran mis aguas
para expulsar aquel miedo
y ese dolor y el cansancio
para que cruces locura
hasta la calle del frente
y yo me cure la sangre
y me suavice las manos
y me devuelva la niña
tentada impropia y alegre
y la mujer hecha fuego
que no conoce la culpa

C.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Consigna





















te han dado un nombre con Cienfuegos
con fusil y esperanza de alegría
con pasiones sin reglas a lo O' Gorman
con el Cristo inconforme de don Torres
y vos pequeña y nueva
con tu nombre gigante oís el viento
"volver a la tierra es la consigna"
no olvidarte los pájaros del barrio
percudir bien las suelas de los pies
hacer un hijo o dos cuando amanezca
amar a cada hombre como el último
amar a las mujeres como hermanas
sacar el llanto a pasear sin la correa
regar tus ojos de sol recién nacido
sanar el cuerpo con yuyos y con flores
llenar tu mate de bocas por la calle
buscar justicia de pueblo con el pueblo
y otra vez ser la tierra
                         pero abajo.

C.

martes, 15 de noviembre de 2011

de monstruos y bichitos





















Cuando le dijo con tanto suspenso que tenía que hablarle en confesión, la calle se le hizo eterna de lado a lado, y el semblante, de tan quieto no le dejaba decir que sí.
Él habló un poco sólo, como sin saber si encontraría tolerancia o desaprobación, sin saber elegir de qué forma la sentiría más al lado.
Ella seguía quieta, imperturbable a pesar de estar escuchando algo nuevo.
No hablaba entonces porque la convencía la certeza de que de ahí en adelante ella no tenía voz en esas dependencias. Ese no es mi universo, ni sé qué palabras aún vivan ahí.
La piel se le había vuelto bastante fría, y empezó a sentirlo, desde el estómago hacia la garganta, hasta que le vencía un poco la nuca como para tirarla a dormir: un bicho de dimensiones extraordinarias para la circunstancia, para nada tan importante, le devoraba las ideas a las palabras antes de que pudieran vestirse.
Se sintió de antemano superada, cómo iba a acariciarlo con su voz mientras la mirara con unos ojos tan grandes, tan blancos. No sé si sos capaz de escucharme caminar al lado, me ves?
Este monstruo o bicho es nuevo. Ella ha tenido muchos, que le mezclan en cóctel las frases, que la hacen gemir, o hablar bajito y dulce, o gritar como una troska a punto de hacer la revolución. Pero este es nuevo. Ama el silencio y la espera, consciente del desencadenarse autónomo de la corriente de los ríos, porque cree que igual bajan.

L.